La herramienta impensada

Me pasa seguido de hablar con alguien que necesita algo, sea cliente o no, al conversar me doy cuenta de que la persona todavía no sabe específicamente qué es lo que quiere, a lo sumo sabe que tiene un problema.

Entonces la conversación va por el lado de ayudar a que esa persona identifique qué es lo que quiere. Y ahí es cuando me topo con un vicio personal, mi ansiedad me lleva a querer adelantarme y adivinar el final de la conversación, como si fuera algo predefinido a lo que me puedo anticipar.

Pero sucede lo contrario, cuando la persona que tengo enfrente está descubriendo e identificando su necesidad, lo hace mientras habla. Hablar la ayuda a pensar, entonces si la interrumpo, estoy limitando su posibilidad de pensar.

Así me doy cuenta de que no tengo nada que adivinar, solo puedo ayudar y acompañar a la otra persona mientras identifica qué es lo que necesita. La paciencia de mi parte es una virtud, ya que mientras más clara está la necesidad, más fácil será ayudar a esa persona.

Así es como la paciencia y la capacidad de escuchar activamente termina siendo una gran herramienta para ofrecer servicios profesionales.

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